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Era una situación cómoda. Cómoda, tranquila y elegante, algo que pasaba desapercibido para muchos aún a pesar de su evidencia. No podíamos querernos todo lo que nos gustaría, meter el brazo hasta el fondo o planear un futuro juntos; era imposible. Cuando las personas grandes desprenden un brillo cegador y se cruzan no hay forma de encajarles en contextos típicos. Nos sentíamos despiadadamente solos. Había días mejores, pero, por lo general, una luz triste y oscura giraba a nuestro alrededor. Yo solía buscar su compañía en el más escueto de los significados: tenerle cerca era suficiente para sentirme mejor. Bueno, en realidad no era mejor; simplemente me tranquilizaba sentir la vida en la yema de los dedos de vez en cuando.

Después de todos estos años he entendido que todas las realidades que se escuchan por la calle no encajan con mi situación. Un clavo no saca otro clavo. Mil noches de encuentros con desconocidos no me hacen olvidar, ni siquiera conectarme al mundo real. Nada consigue hacerme sentir que estoy en la misma dimensión que todos los demás y eso me produce un desapego y una tristeza inmensos. Sumergida en el agua turbia del mes de otoño comprendí que mi única escapatoria era hacer una jugada magistral, tejer mis conductas, pensamientos, sentimientos y personalidad en algo tangible que pudiese ofrecerle al mundo. Elegí, entonces, la cocina. La cocina y escribir. No había nada más que yo pudiese hacer, todo era humo y yo me sentía humo. Ambas elecciones dependían enteramente de mi habilidad y mi forma de verlo. La gente con que la estudiaba no lo hacían por lo mismo, era obvio. Era gente feliz. Gente despreocupada, soñadora, contenta con sus resultados. Tendrían un futuro prefabricado sin demasiados problemas y una familia encantadora con la cual sentarse a cenar en Navidad. Me parece bien. Aún así, consideré que centrarse en algo por supervivencia era igual de válido y poderoso que hacerlo por apetencia. Muchos no lo saben pero los grandes a los que admiro tuvieron motivaciones parecidas a las mías. Cada uno hace lo que puede y lo enfoca como considera, ya sabes.

Supongo que escribir es una excusa, otra más de tantas. Una de esas cosas que se dicen sin muchos rodeos para evadir otra más intensa y vergonzosa. Pero no me queda nada. Estoy vacía. Creo que es porque te regalé todo lo que rellenaba mis entrañas. Se esfumó contigo cuando te fuiste sin hacer mucho ruido, sin besos de despedida, sin mensajes escondidos o palabras afiladas. Ahora solo queda una carcasa; cansancio, pena, nostalgia, confusión, mucha confusión, y una imperante y sigilosa tristeza que asola cualquier esperanza del alma. Me gustaría que pudieses ver cómo poco a poco me voy formando y asentado formas de actuar que quedarán, yo lo sé, para siempre grabadas en el recorrido de mi vida. Quisiera compartir contigo ese cosquilleo de pánico y emoción cuando algo me sale bien. Quisiera contarte todas las experiencias locas y extrañas que he vivido desde que te fuiste, todos los tíos que han pasado por aquí, todas las borracheras con tu nombre en el fondo de la botella y cada estupidez que he hecho para traerte de vuelta. Quisiera que me vieses llorar al pensar unos segundos en lo mucho que me mueve imaginarme en Japón cocinando, escribiendo, haciendo lo mío, joder. No te haces una idea de la fuerza que sale de mi mundo cada vez que pienso en ello; en ti. 

La verdad, no sé si todo este artificio es una forma de acordarme del paso que tuviste por aquí. No soy idiota. Sé que no me miras desde alguna parte. Experimenté el sabor amargo y la sensación de derrota cuando algo llega a su fin y sabes que jamás se repetirá. Aún así, a pesar de todo, el lazo que amarré a tus manos tiene demasiados nudos como para deshacerse fácilmente. No busco tu aprobación, tus palmaditas en la cabeza o tus palabras de ánimo porque estás muerto y los muertos no hablan. Pero todavía mi cerebro relaciona el seguir caminando por el mundo sin cartas de suicidio con tu voz y tu forma de observarme. Ahora me he dado cuenta; tú no me levantabas cuando caía. Simplemente esperabas a que tomase una decisión tras otra para poder seguir correteando por el patio nevado y solitario que era yo.

Y, ¿sabes? esa era la cosa más honesta que pudimos compartir.


  • Listening to: You Love Me - DevotchKa
  • Reading: -

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ersatzteilh
Deus ex Machina
Artist | Student | Photography
Spain
"My present life is really very lonely and friendless. It offers me no stimulation that I do not myself provide; but rather estrangement of the soul from itself, preponderance of obsessional influences, which draw the soul up tightly with a sense of fear, and teach it to regard things with an earnestness that they do not deserve. This is the seamy side of my present existence. It is impossible, it seems, to be understood. It happens on rare occasions and I am slowly dealing with that fact. Nothing can outweigh though the pain I so intensely experience of no one being able to feel my words. Philosophical seriousness is already too deeply rooted in me and people can’t see beyond this. I am obliged daily to observe my current condition; my mind is being tormented incessantly, unable to cultivate a means of resistance. Dear friend, the “cultured” world accepts my intellect but I find zero pleasure in anything whatsoever. Life stands still and no matter what I do I am being washed away by everlasting loneliness."
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Era una situación cómoda. Cómoda, tranquila y elegante, algo que pasaba desapercibido para muchos aún a pesar de su evidencia. No podíamos querernos todo lo que nos gustaría, meter el brazo hasta el fondo o planear un futuro juntos; era imposible. Cuando las personas grandes desprenden un brillo cegador y se cruzan no hay forma de encajarles en contextos típicos. Nos sentíamos despiadadamente solos. Había días mejores, pero, por lo general, una luz triste y oscura giraba a nuestro alrededor. Yo solía buscar su compañía en el más escueto de los significados: tenerle cerca era suficiente para sentirme mejor. Bueno, en realidad no era mejor; simplemente me tranquilizaba sentir la vida en la yema de los dedos de vez en cuando.

Después de todos estos años he entendido que todas las realidades que se escuchan por la calle no encajan con mi situación. Un clavo no saca otro clavo. Mil noches de encuentros con desconocidos no me hacen olvidar, ni siquiera conectarme al mundo real. Nada consigue hacerme sentir que estoy en la misma dimensión que todos los demás y eso me produce un desapego y una tristeza inmensos. Sumergida en el agua turbia del mes de otoño comprendí que mi única escapatoria era hacer una jugada magistral, tejer mis conductas, pensamientos, sentimientos y personalidad en algo tangible que pudiese ofrecerle al mundo. Elegí, entonces, la cocina. La cocina y escribir. No había nada más que yo pudiese hacer, todo era humo y yo me sentía humo. Ambas elecciones dependían enteramente de mi habilidad y mi forma de verlo. La gente con que la estudiaba no lo hacían por lo mismo, era obvio. Era gente feliz. Gente despreocupada, soñadora, contenta con sus resultados. Tendrían un futuro prefabricado sin demasiados problemas y una familia encantadora con la cual sentarse a cenar en Navidad. Me parece bien. Aún así, consideré que centrarse en algo por supervivencia era igual de válido y poderoso que hacerlo por apetencia. Muchos no lo saben pero los grandes a los que admiro tuvieron motivaciones parecidas a las mías. Cada uno hace lo que puede y lo enfoca como considera, ya sabes.

Supongo que escribir es una excusa, otra más de tantas. Una de esas cosas que se dicen sin muchos rodeos para evadir otra más intensa y vergonzosa. Pero no me queda nada. Estoy vacía. Creo que es porque te regalé todo lo que rellenaba mis entrañas. Se esfumó contigo cuando te fuiste sin hacer mucho ruido, sin besos de despedida, sin mensajes escondidos o palabras afiladas. Ahora solo queda una carcasa; cansancio, pena, nostalgia, confusión, mucha confusión, y una imperante y sigilosa tristeza que asola cualquier esperanza del alma. Me gustaría que pudieses ver cómo poco a poco me voy formando y asentado formas de actuar que quedarán, yo lo sé, para siempre grabadas en el recorrido de mi vida. Quisiera compartir contigo ese cosquilleo de pánico y emoción cuando algo me sale bien. Quisiera contarte todas las experiencias locas y extrañas que he vivido desde que te fuiste, todos los tíos que han pasado por aquí, todas las borracheras con tu nombre en el fondo de la botella y cada estupidez que he hecho para traerte de vuelta. Quisiera que me vieses llorar al pensar unos segundos en lo mucho que me mueve imaginarme en Japón cocinando, escribiendo, haciendo lo mío, joder. No te haces una idea de la fuerza que sale de mi mundo cada vez que pienso en ello; en ti. 

La verdad, no sé si todo este artificio es una forma de acordarme del paso que tuviste por aquí. No soy idiota. Sé que no me miras desde alguna parte. Experimenté el sabor amargo y la sensación de derrota cuando algo llega a su fin y sabes que jamás se repetirá. Aún así, a pesar de todo, el lazo que amarré a tus manos tiene demasiados nudos como para deshacerse fácilmente. No busco tu aprobación, tus palmaditas en la cabeza o tus palabras de ánimo porque estás muerto y los muertos no hablan. Pero todavía mi cerebro relaciona el seguir caminando por el mundo sin cartas de suicidio con tu voz y tu forma de observarme. Ahora me he dado cuenta; tú no me levantabas cuando caía. Simplemente esperabas a que tomase una decisión tras otra para poder seguir correteando por el patio nevado y solitario que era yo.

Y, ¿sabes? esa era la cosa más honesta que pudimos compartir.


  • Listening to: You Love Me - DevotchKa
  • Reading: -
 —No estoy a gusto aquí —continuó diciendo—. Hay algo en lo que llevo pensando desde que era niña. Supongo que me gustaría probar.
  El humo de su cigarro se deshacía lentamente mientras hablaba. Yo, de mientras, daba tragos cortos a la cerveza.
  —¿Qué cosa? —pregunté.
  —Irme. —Su pausa casi dramática me hizo levantar la vista y clavar mis ojos en los suyos. Durante un segundo chocaron, lo justo y necesario para que me hiciera sentir aquella extraña vibración. El chispazo, ya sabéis—. Sí, desaparecer un rato de toda esta mierda. Joder, estoy cansada y harta. Quisiera poder comer cuando tengo hambre, dormir cuando tengo sueño, perder el tiempo sin preocuparme por alarmas, trabajos, obligaciones sin sentido. ¿Sabes a lo que me refiero? Levantarte y no estar pendiente de la gente que te rodea, con esa puta necesidad de abrir Internet y mirar las redes sociales, del calendario o de una cita. No tener que coger el coche, darle los buenos días al novio que jamás quisiste tener y sentarte a comer con tu familia porque así lo dijo alguien llamado tradición. No tener que seguir modas u obedecer esa ética necesaria para la convivencia en sociedad. En fin, qué se yo, desaparecer un rato de esta gran estafa. Es demasiado.
  —Es complicado. Para eso tendrías que renunciar a los seres humanos.
  Hubo una pausa. Bebí. Fumó.
  —Por un tiempo está bien —respondió finalmente con una de esas sonrisas que, a veces, son capaces de combatir huracanes y guerras.



  • Listening to: alt-J (∆)
  • Reading: King
Hay cosas que quedan atrás y no existe manera de replicarlas. No se puede. Les dices adiós con una mirada, un abrazo, coraje en la voz y un gesto breve, y se van.
Yo jamás pude imaginar que aquella fuese nuestra primera y última despedida.
Lo cierto es que apenas pienso en esto. Casi nunca. Me conoces, un poco; sabes que no me llevo bien con los sentimentalismos, con perpetrar lo que no funciona, pero, a veces, echo un ojo atrás y me permito recrearme en lo que vivimos. No sé en qué estaría pensando, la verdad. No eras solo tú, también pensaba en mí; en entender qué me pasaba, en nadar hacia una superficie irreal y coger un poco de aire.
Desde que me senté a esperar mi avión lo noté. Miraba hacia fuera y pensaba en cómo reaccionaría ante algo tan distinto. Estaba segura de varias cosas, como por ejemplo, de que me volvería loca en los transbordos, en que la comida de allí sería maravillosa y que durante nuestro encuentro las cosas irían bien. Pero todo eso es palabrería. Cuando pienso en ti, no me viene a la mente aquello.
Recuerdo que cuando escuché que me llamabas me inundó una sensación completamente anormal. Era un sentimiento diferente. En ese momento no logré entender nada, tampoco cuando hundí la cabeza en tu cuerpo y asimilé que estaba allí, sin más. Fue un poco más tarde, concretamente mientras conducías hacia tu casa. Miraba asombrada hacia todas partes, cada vez más segura de algo: me sentía bien.  Tal vez te parezca ridículo. Yo nunca me siento así. Bueno, casi nunca. Y fue tan espectacular y asombroso y extraño que es la sensación más potente que ha perdurado en el tiempo. No estaba nerviosa, tampoco eufórica. Era como si todo aquello me pareciese lo normal, lo correcto, lo que debía ser ese día; y me sentí bien.

Todavía me acuerdo del olor que me llegaba cuando andábamos por el pasillo hacia tu habitación. Me acuerdo de los bailes estúpidos en la cocina mientras preparábamos algo de comer. El aparato aquél para mover el aire que hacía un ruido del carajo y no me dejaba dormir, y mis quejas, y mis caprichos de niña a la hora de escoger almohada, canción, sitio al que ir. Me acuerdo de que siempre, de forma automática, nos despertábamos a las 5 A.M. y nos quedábamos hablando. Y de tu porche, a donde salíamos a fumar un cigarro y beber cerveza. Me acuerdo de cómo tiraba de tu mano para ver, alucinada, toda la ciudad, las tiendas, la gente, las luces, los bares. También me acuerdo de cuando volvíamos a casa por la noche y sonaba mi canción favorita y cantábamos como energúmenos a gritos. De cuando pedí por error una hamburguesa asquerosa y tuve que pedirte que hicieras algo al respecto. Del puto Toot's. Del jodido y puto Toot's.
En fin, me he cansado de escribir. Como puedes comprender hablar de todo esto me da pereza, me agobia, me deja un mal sabor de boca. Solo que, bueno, me apetecía. Y sé que lo estarás leyendo y al igual que yo te habrá echo reír, sonreír, divertirte. Creo que eso es lo único que deberíamos tener en cuenta: lo bien que lo pasamos, lo a gusto que estuvimos y lo que nos llevamos de entonces. Solo quiero que sepas que, a pesar de que no lo recuerde mucho, fue importante para mí. Me hizo darme cuenta de muchas cosas que jamás habría sido capaz de entender si no hubiese decidido mandar a tomar por culo a todos los que dijeron que era una locura, coger ese maldito avión y plantarme en tu planeta particular.

-
  • Reading: Asimov
me están diseñando el uniforme de minichef.

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:icontetelle-passion:
Tetelle-passion Featured By Owner Dec 17, 2014
Merci pour le favori Foxy Eyebrow Raise FnaF 2 
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:iconjoosiee:
Joosiee Featured By Owner Aug 3, 2014  Student General Artist
Thanks for the +fav :3
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:iconcaarp:
Caarp Featured By Owner Apr 6, 2014  Hobbyist Photographer
Well hello there. What you been up to? :D
Reply
:iconersatzteilh:
ersatzteilh Featured By Owner Apr 15, 2014  Student Photographer
um hyper busy, i am working and studying :) u?
Reply
:iconcaarp:
Caarp Featured By Owner Apr 17, 2014  Hobbyist Photographer
I'm on my 2 week break from college now, so just chilling. ^^ Glad to hear you're ok! :D
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